El 3 de junio de 2026 la Comisión Europea presentó su Paquete de Soberanía Tecnológica, un conjunto de iniciativas con las que Bruselas pretende reducir su dependencia exterior en las tecnologías que sostienen su economía. Junto a la Cloud and AI Development Act (CADA), una Estrategia de Código Abierto y una hoja de ruta para la digitalización del sector energético, la Comisión presentó su propuesta de nuevo Reglamento de semiconductores (Chips Act 2.0), que derogaría la Chips Act de 2023.
Conviene subrayar que se trata de una primera propuesta de la Comisión. El texto inicia ahora su tramitación por el procedimiento legislativo ordinario, de modo que deberá ser negociado y acordado por el Parlamento Europeo y el Consejo antes de convertirse en norma.
Del laboratorio al mercado
La primera Chips Act fue la respuesta de la UE a la escasez de semiconductores que siguió a la pandemia. Ayudó a movilizar más de 52.000 millones de euros en inversión pública y privada y levantó infraestructuras de investigación de primer nivel, pero adolecía de un sesgo de origen, ya que era, esencialmente, una política de oferta. Apostó por crear capacidad de I+D y de fabricación dando por hecho que el mercado llegaría solo, y no ha sido así. El abandono en 2025 del proyecto de Intel para levantar una gran fábrica en Magdeburgo, concebida como su inversión insignia, lo dejó claro. Europa investiga con excelencia, pero apenas convierte esa investigación en producción a escala.
Europa fabrica hoy menos del 10% de los semiconductores del mundo y la Comisión aspira a duplicar esa cuota hasta el 20% en 2030. Tiene fortalezas claras, como los equipos de litografía de la neerlandesa ASML, imprescindibles para producir los chips más avanzados, pero apenas dispone de fábricas propias capaces de fabricarlos, de modo que su tecnología acaba sirviendo sobre todo a la industria asiática. Equipa buena parte de las fábricas del mundo, pero apenas cuenta con las suyas.
La Chips Act 2.0 mantiene la arquitectura de tres pilares de su antecesora:
- El primero es la Iniciativa Chips para Europa, dedicada a la I+D, el diseño, las líneas piloto y las capacidades;
- El segundo es la seguridad de suministro; y
- El tercero, el seguimiento y la respuesta a las crisis.
Sobre esa base corrige el sesgo anterior incorporando una vertiente dedicada a la demanda. La idea de fondo es que no basta con diseñar y fabricar, hay que conectar la investigación y el diseño con las industrias que utilizan los chips y, sobre todo, garantizar que lo que se diseña y se produce en Europa encuentre comprador.
Para ello la propuesta prevé instrumentos como el Foro de Demanda (Demand Forum) que acerca a los grandes compradores y a la oferta europea para alinear necesidades, y los Aceleradores de Demanda (Demand Accelerators) que impulsan pilotos y proyectos de codiseño para validar y desplegar pronto las nuevas soluciones. Oferta y demanda dejan de ir cada una por su lado y empiezan a reforzarse.
Las figuras que vertebran la propuesta
Más allá de los grandes principios, el interés práctico del reglamento reside en los instrumentos concretos con los que pretende cerrar esa brecha.
Cuatro merecen una mención destacada.
- Grand Challenges. Son misiones tecnológicas a gran escala y de carácter intersectorial dirigidas a desarrollar e industrializar tecnologías críticas, como la IA o la eficiencia energética. Más que financiar investigación puntera, buscan que las líneas piloto existentes se orienten hacia el uso industrial. Se coordinarán con los retos paralelos previstos en la CADA en materia de nube e IA.
- Chips Fund. Es el instrumento financiero pensado para ofrecer capital, en forma de participaciones y de deuda, a startups, scaleups y pymes de toda la cadena de valor, a través del programa InvestEU y de la mano del Banco Europeo de Inversiones. Responde a la falta de capital privado en las fases avanzadas, que empuja a las empresas europeas a venderse o a deslocalizarse.
- Las iniciativas «first-of-a-kind» o FOAK. Es un estatus que la Comisión concede a las instalaciones que aportan un elemento innovador al mercado interior, ya sea un nuevo nodo, un material, una mejora de eficiencia o de seguridad o un avance en empaquetado, o que, aun pareciéndose a algo ya existente, resultan necesarias para reducir dependencias estratégicas. El estatus permitirá permisos acelerados (con un máximo de 12 meses) y la obtención de ayudas de Estado.
- Los sellos de Región de Excelencia. La propuesta crea una etiqueta de Región de Excelencia en Semiconductores que la Comisión otorgará a aquellas regiones que presenten un plan de inversión sólido, centrado en fabricación, I+D, talento e infraestructuras sostenibles, avalado por su Estado miembro. No conlleva financiación directa, ya que su función es de señalización. Opera como un sello de calidad que indica a los inversores internacionales que esa región es un ecosistema de alto potencial, y podrá tenerse en cuenta al evaluar proyectos en los programas de financiación de la Unión.
Una apuesta por industrializar la innovación
El hilo conductor de todas estas figuras es el mismo, pasar de financiar capacidad a industrializar la innovación y a anclar la demanda. La Chips Act 2.0 no renuncia a la oferta, pues siguen estando los permisos acelerados, los proyectos estratégicos y el apoyo a la fabricación, pero añade los mecanismos que faltaban para que la inversión tenga sentido económico, esto es, clientes, capital de crecimiento y un entorno regional atractivo. Queda por ver, no obstante, si estas medidas son realmente la solución y si bastan para cumplir los objetivos previstos, sobre todo cuando buena parte de ellas no dependen de la Comisión, sino de lo que después decida aportar cada Estado.
Para las empresas del sector y para las regiones que aspiran a atraer inversión, el mensaje es doble. Conviene estudiar ya dónde encaja cada cual, pero con prudencia, porque es una primera propuesta y el texto puede cambiar de forma sustancial durante la negociación. La dirección, en todo caso, está marcada, y Europa quiere que su talento en semiconductores deje de quedarse a las puertas de la fábrica.