Como consecuencia del constante progreso tecnológico, el concepto de ‘smart city’ se va convirtiendo poco a poco en una realidad. A primera vista evoca una idea futurista del núcleo urbano que se centra en la utilización de las nuevas tecnologías para aumentar de manera exponencial la conectividad en pilares fundamentales de las ciudades como la movilidad, la sostenibilidad o el urbanismo, entre otros.
Podemos encontrar una clara muestra de dicha evolución en la revolución a la que se encuentra sometido en la actualidad el sector de la movilidad urbana. Lo que comenzó siendo un tímido desembarco de coches eléctricos compartidos a través de una aplicación móvil, se ha transformado en un despliegue de múltiples flotas de vehículos de diversa índole que prestan servicios basados en el tratamiento de información facilitada por el ciudadano que los utiliza.
Este concepto, en el que el usuario ostenta la condición de fuente de alimentación principal de datos, ha despertado un creciente interés en los diferentes operadores del mercado, que han descubierto la posibilidad de utilizar esa ingente cantidad de información en pro de sus modelos de negocio, multiplicando de forma ostensible los beneficios derivados del mismo.
En la actualidad, podemos observar como lo que comenzó con el tratamiento de la ubicación del usuario a través de una aplicación móvil, ha avanzado en un breve periodo de tiempo, desde la integración de asistentes de voz en bicicletas hasta la conexión de los terminales móviles de los usuarios en motos mediante redes wifi integradas en la misma. El uso de dichas redes permite, con el consentimiento del usuario, el acceso a lista de contactos de la agenda del usuario y la obtención de información comportamental a través de, por ejemplo, el tipo de música que escucha durante su viaje. En un futuro próximo no es descabellado pensar que este tipo de vehículos recojan datos de salud como niveles de estrés, fatiga o alcohol en sangre ofreciendo a través de alertas personalizadas un valor añadido al usuario.
Con este cambio de paradigma, la monetización de los datos obtenidos y su compatibilidad con una adecuada garantía de la privacidad de los usuarios ante la exigente legislación de reciente aprobación en la materia, supone uno de los grandes desafíos para los prestadores de servicios.
Como cuestión prioritaria para afrontar tales desafíos, es necesario garantizar en todo momento la seguridad de los datos personales proporcionados por el usuario, más aun teniendo en cuenta que, en la actualidad, estamos siendo testigos de importantes brechas de seguridad en relación con el tratamiento de datos personales. Algunas han sido ocultadas de forma premeditada por los propios prestadores de servicios, que no solo ponen en peligro la información del usuario, sino que además minan en gran medida la confianza de los mismos a la hora de proporcionar su información personal, perjudicando gravemente el ecosistema digital. De igual modo, es de capital importancia actuar de forma transparente con el usuario, recabando su consentimiento e informándole mediante un lenguaje claro y sencillo de los diferentes tratamientos a los que vayan a ser sometidos sus datos personales de manera que sea consciente en todo momento de cómo se está utilizando su información
En definitiva, la conectividad y el progreso tecnológico, sin lugar a dudas, deben ser el motor que impulse el desarrollo urbano a medio y largo plazo, pero sin que sirva de pretexto para subestimar la protección de los datos de los usuarios teniendo en cuenta que esa información, en la mayoría de casos, será el combustible necesario para alimentar el mismo.