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La nueva estrategia de seguridad de la UE

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Vicente Moret analiza en Expansión la nueva estrategia de seguridad de la Unión Europea que tiene como objetivo asegurar los derechos y la vida de los ciudadanos europeos

El pasado 24 de julio, se aprobó la nueva Estrategia de Seguridad de la UE para el período 2020-2025. Se trata de un documento que, aunque no ha recibido excesiva atención mediática es importante para conocer cómo la Comisión Europea propone asegurar los derechos y la vida de los ciudadanos europeos. En el entorno actual que estamos viviendo, la incertidumbre afecta a casi todas las esferas y ello genera inseguridad e incertidumbre en un marco VUCA que se ha extendido por todo el mundo debido a muchas causas, siendo la pandemia de Covid-19 la más global de todas ellas.

La relevancia de la Estrategia reside en la fijación de unas prioridades que se traducirán en nueva normativa y políticas europeas, que su vez serán aplicadas por los Estados, los cuales siguen siendo los principales responsables de la seguridad pública de los ciudadanos.

Entrando en el contenido de la Estrategia, se puede decir que de ella se extraen dos grandes ideas. La primera es que el ámbito digital y el físico se ponen en un plano de igualdad a la hora de garantizar la seguridad dada la tremenda dependencia de las redes y sistemas. Esa dependencia de nuestras sociedades se ha puesto de relieve de forma evidente durante la pandemia. La segunda gran idea es que ya no se puede separar tajantemente la seguridad interior y exterior dado que las interconexiones son tales que forman un todo inseparable.

Además, se señalan los ámbitos en los cuales la UE va a priorizar sus actuaciones de forma inmediata. Las infraestructuras críticas serán objeto de actuación para modificar y profundizar en el marco regulador ahora existente. Se impondrán nuevas obligaciones de protección y resiliencia a los operadores de estas infraestructuras físicas y digitales, entre otros, en cuanto al despliegue de las redes 5G conforme a las recomendaciones ya publicadas por la Comisión. También se señala como prioritaria una iniciativa sobre resiliencia del sector financiero y un nuevo marco regulador para los drones con el objeto de evitar su uso con fines delictivos. Así mismo, se promoverá una más estrecha cooperación entre agentes públicos y privados para asegurar mayor protección de los espacios públicos.

La preocupación por elevar el nivel de ciberseguridad es una constante que impregna casi toda la Estrategia. De hecho, una de las propuestas prioritarias es la revisión del marco normativo creado por la Directiva NIS en 2016, proceso ya iniciado mediante consulta pública, y que fue incorporado a nuestro ordenamiento por el RD-ley 12/2018. En nuestro país, el reglamento de desarrollo de esa norma todavía está pendiente de aprobación.

También en el ámbito de la ciberdelincuencia, la Estrategia marca como prioridad aprobar una serie de medidas relativas a la cuestión central de la identidad en internet. Se prevé una revisión del Reglamento eIDAS que ayude a reducir la usurpación de identidad, y evitar así el creciente impacto del fraude online. La Estrategia también señala la gravedad de las amenazas híbridas que pretenden erosionar la cohesión social de nuestras sociedades, así como la relevancia de la delincuencia organizada como enemigo a combatir, señalando tres frentes prioritarios; el tráfico de drogas, el tráfico de armas y el de personas. Estas tres prioridades contarán con planes de acción específicos. Además, entre otras medidas, se modificarán los documentos de viaje para reforzar las medidas de seguridad.

En definitiva, lo que se propone es generar capacidades, cadenas de suministro propias y soluciones tecnológicas europeas frente a unas amenazas que evolucionan y se transforman con gran rapidez. No puede ser de otra manera, porque un nivel adecuado de seguridad pública es imprescindible para que los ciudadanos y los Estados disfruten de estabilidad, desarrollo y progreso. La crisis generada por el Covid-19, la cual se suma a un entorno geopolítico previo tremendamente inestable, ha demostrado la necesidad de aprender a esperar lo inesperado y estar preparados para afrontarlo, sin perder por ello las características que hacen de Europa ese entorno de derechos individuales, actividad económica y estabilidad que es referente de libertad y prosperidad frente a otras formas de organización jurídico-política a lo largo y ancho del mundo.

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